jueves, 22 de julio de 2010

De qué se hace el mundo


Intentar no caer en las estructuras
en las estructuras
no caer en las
no caer en las escaleras, no buscar las
escaleras
correr hacia la puerta, no mirar la ventana
buscar las puertas, todas las puertas
y ¿no caer en las estructuras?
entonces busquemos ventanas, busquemos escaleras
busquemos alcanzar el techo, o encontrar un
laberinto con una llave para salir
y no caer en las estructuras,
no caer en las
no caer en las fosas, no caer en las fosas y en los pozos
y despertar sin paredes y sin techo,
que no haya techo,
despertar sin estructuras
despertar sin
despertar sin prejuicios, o sin estructuras, es igual.

lunes, 5 de julio de 2010

En el medio de la noche

dejo este frío de la nada
para aprender a
mirar, para
sentarme en tu balcón
antes de que amanezca
con un par de
palabras a mitad de
camino. quizás para
aprender la vida
y sólo eso, para mirarte
mirar.
dejo este frío de la nada
y abro la ventana para
sentarme a
esperar
un par de palabras
que te vas a olvidar,
para recodarte mañana
que te acuerdes
de mí, que agarres una
guitarra, que toques una
canción. que te acuerdes de mí.
y dejo este frío de la nada,
e intento volver
a empezar
para agarrar un cuaderno
y terminar unas
cuantas palabras que
dejamos atrás,
que salieron por la ventana, que
saltaron por el balcón.
dejo este frío de la nada,
ya no necesito
ese balcón
ni busco una ventana,
ni me sé tu canción,
ni te acordás de mí
pero aprendemos
a mirar
y ya no quedan palabras,
pero tampoco faltan.

casi siempre sobran.

viernes, 28 de mayo de 2010

Reloj sin fantasmas (primavera mental)

Que si vas, que si volvés, que no siempre es fácil saber en qué baldosa estás parado. Prácticamente inmóviles vuelan unas agujas del reloj que no te dan tiempo de descuento; que la vida no te da tiempo de descuento, casi que no hay tiempo para parar a pensar. Unas agujas que buscan refugiarse en tu cabeza y vos no sabés si el reloj está parado o los minutos siguen corriendo, porque no siempre es fácil.

Están los fantasmas que te vuelven loca; está el viento, el frío que se siente en la tristeza de una madrugada en el sillón, de una cara empapada de recuerdos, de pedazos de alma que no sabemos si todavía están. Están los fantasmas y está el tiempo, porque sólo con tiempo los fantasmas (o los recuerdos fantasmas) deciden volar lejos del presente y volver a ser pasado; dejar de ser fantasmas y ser sólo recuerdos. Sólo con el tiempo aceptamos que hay fantasmas, y con muchos más relojes aprendemos a dejarlos ir.

No siempre es fácil, saben hacerlo difícil porque tienen memoria y no conocen el olvido. Son los fantasmas que te vuelven loca cuando es de noche, cuando sólo escuchas el sonido (o el ruido) de tus pensamientos, cuando sólo es posible escucharse a sí mismo. Sólo con el tiempo aprendemos a escuchar fuera de las de esas paredes, fuera de los fantasmas, y con muchos más relojes aprendemos a sonreír.

Cuando entendemos que la vida no te da tiempo de descuento y que casi que no hay tiempo para parar a pensar, el frío de madrugada se hace primavera (primavera mental); es entonces cuando dejamos ir los fantasmas y aprendemos a sonreír.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Los ojos cerrados (onomatopeyas)

Tic, tictic, tic, tictic, tic, tictic, tic, tictic seguía sonando en su cabeza y no quería abrir los ojos. “Que pare”, pensaba. Pero la canilla seguía goteando y no iba a parar. Tic, tictic, tic, tictic, tic, tictic.

Dio unas vueltas en la cama, la almohada que giraba en sus pies de un lado a otro y las sábanas enredadas casi que le pedían que se quedara, siempre los ojos cerrados. Seguía pensando en el agua, en las gotas de esa canilla que venía torturando su sueño hace varios días, que todas las mañanas empezaban igual. Seguía pensando en lo desordenado de sus pensamientos, tanto como para poder pensar sólo en una canilla, en el agua. Seguramente hubo un tiempo (uno pasado, o uno de ayer, o hace minutos, no sabía bien) en que pensaba más allá de las gotas, en que su mente estaba lo suficientemente en calma como para no registrar las gotas; pero no era este tiempo, ya no existían esos minutos.

La luz se escurría con paciencia entre las persianas del departamento y éste se empezaba a llenar de ciudad con los ruidos de la gente que ya salía a trabajar (y pensaba “que pare, por favor, que pare” como si eso detuviera el correr de las gotas –de los días, de la vida). Ya no había lugar para las vueltas en la cama porque cuando la ciudad entra en ritmo te deja afuera y no hay nada que se pueda hacer más que quedarse mirando a la gente pasar (mirar desde un costado, mirarla correr y empujar hacia atrás con angustia unas agujas que –sabemos- no podemos mover).

El tiempo que había pasado desde que su departamento era sólo silencio ya no lo sabía. Ella se había ido una mañana como hoy sin siquiera llevarse sus cosas (seguían ahí, en la caja, en un ropero sin llave) y desde ese momento sólo sabía escuchar pasos y gotas, ruidos que apenas significaban un desequilibrio emocional u otras tantas cosas que él no podía saber. El tiempo que había pasado no lo sabía porque había dejado de saber lo que era el tiempo (como si nosotros pudiéramos saber qué es el tiempo, si es una palabra o mil imágenes u otro mundo, o el mundo, nosotros tan insignificantes en tanto mundo); es que también había dejado de saber.

La almohada rodó hacia el piso y el silencio era tal que se oyó retumbar entre libros y zapatos tirados junto a la cama. Los libros apilados se desmoronaron y los zapatos siguieron ahí, sin usarse durante días porque no los necesitaba para estar ahí escuchando gotas, escuchando los pasos afuera en el pasillo. Las gotas seguían casi por instinto en su tic, tictic, tic, tictic, tic y quiso que paren; desenredándose de sus sábanas (pero sólo de ellas) llegó a la cocina y abrió la canilla, donde dejó correr el agua así no era más tic, tictic, tic, tictic, tic pero sí srhsrhshsrhhhhhh como hacen las canillas cuando corre el agua. Su cabeza era todo tic, tictic, tic, tictic tic entre tanto silencio en realidad, entre tanto piiipiiiii ruuuuumrum de los autos en la calle, de los pasos de taco alto tac tac tac en el pasillo, de un vecino y la guitarra sol la re mi (pero más notas no sabía), de tanto srshhsrhhhsrhhh del agua que ahora corría; su cabeza era todo.

Siempre había silencios rodeados de ruidos, pero porque un ruido no es lo mismo que un sonido. Un sonido era como su risa la noche anterior a la partida; ruidos su cabeza entre tanto silencio ruidoso, de todas las palabras que no dicen nada que no buscan nada, que blablablabla cuando sólo es suficiente un shhh o simplemente (nada), sólo eso. De tanto silencio ruidoso de que cuántas veces te encontraste solo enredado entre tus sábanas, con el mundo tan lleno de todo, tan lleno de gente que estás solo (con tantas palabras que sólo necesitás una risa).

martes, 20 de abril de 2010

Es en el camino al cielo donde perdemos lo que deberíamos encontrar

Me distraje con la luna mientras buscaba mirarte. Iba caminando despacio para no perder de vista la forma en que te movés pero la luna estaba más tímida y brillante que nunca; yo me distraje porque ella se escondía entre las nubes y no quería que se fuera.

Quería seguir mirándote pero ya no estabas. Escuché tus pasos perderse entre la noche y supe que ya no estabas; ahí supe que no volvías.

Será que son esos momentos de distracción los que desarman nuestra vida sin que nos demos cuenta; que por mirar para otro lado, o por querer llegar al cielo sólo mirando, nos perdemos de vista con quienes deberíamos estar mirándonos.

sábado, 17 de abril de 2010

Podés


o enamorarte y aceptar las consencuencias.
Saber que te vas a volver un poco estúpida, vas a sufrir, te vas a reir, vas a llorar, vas a ser feliz, te vas a pelear y arreglarte de vuelta, vas a salir a tomar un helado, vas a quedarte en tu casa a ver una película, te vas a poner celosa, él se va a poner celoso de tus amigos, te van a besar, vas a abrazar, vas a llorar, vas a reir y te vas a despeinar (como dice la publicidad); pero te vas a enamorar, por sobre todas las cosas y sin restricciones, con pleno convencimiento de ello.

o no permitirte enamorarte y perderte de todo eso, aunque también implique llorar un poco.

... como si las cosas lindas de la vida no necesitasen esfuerzo para poder alcanzarlas.

lunes, 12 de abril de 2010

Caminar saltando (si se puede)


Quizás quieras buscar en el fondo del cajón las sonrisas que tenías cuando todavía no te habían roto el corazón y, cuando el mundo te lo pida, salir a la calle cantando con la felicidad que canta un niño. Casi nadie puede decir que no le rompieron el corazón, así que todos podemos buscar en el cajón y salir un día a caminar saltando.

Yo supongo que hay algunos cajones que no tienen fondo o que se rompieron y las sonrisas desaparecieron. Supongo que el mío es uno de esos y que las pesadillas aparecen en en el momento que no puedo encontrar ese "antes" que hace la diferencia cuando estás mal; por eso me despierto con dolor de cabeza y el resto del día casi no puedo existir.

no me salió salir a la calle a caminar saltando porque las sonrisas están tan al fondo que no llego.