jueves, 8 de junio de 2017

pero vos, por favor, no te vayas


Todas las parcelas de mi vida tienen algo tuyo
y eso en verdad no es nada extraordinario
vos lo sabés tan objetivamente como yo

sin embargo hay algo que quisiera aclararte
cuando digo todas las parcelas

no me refiero sólo a esto de ahora
a esto de esperarte y aleluya encontrarte
        y carajo de perderte
        y volverte a encontrar
        y ojalá nada más

no me refiero sólo a que de pronto digas
        voy a llorar
y yo con un discreto nudo en la garganta
        bueno llorá
y que un lindo aguacero invisible nos ampare
y quizá por eso salga enseguida el sol

ni me refiero sólo a que día tras día
aumente el stock de nuestras pequeñas
        y decisivas complicidades
o que yo pueda         o creerme que puedo
        convertir mis reveses en victorias
o me hagas el tierno regalo
        de tu más reciente desesperación

no
la cosa es muchísimo más grave

cuando digo todas las parcelas
quiero decir que además de ese dulce cataclismo
también estás reescribiendo mi infancia
esa edad en que uno dice cosas adultas y solemnes
y los solemnes adultos las celebras
y vos en cambio sabés que eso no sirve
quiero decir que estás rearmando mi adolescencia
ese tiempo en que fui un viejo cargado de recelos
y vos sabés en cambio extraer de ese páramo
mi germen de alegría         y regarlo mirándolo

quiero decir que estás sacudiendo mi juventud
ese cántaro que nadie tomó nunca en sus manos
esa sombra que nadie arrimó a su sombra
y vos en cambio sabés estremecerla
hasta que empiecen a caer las hojas secas
y quede el armazón de mi verdad sin proezas

quiero decir que estás abrazando mi mad urez
esta mezcla de estupor y experiencia
este extraño confín de angustia y nieve
esta bujía que ilumina la muerte
este precipicio de la pobre vida

como ves es más grave
muchísimo más grave
porque con estas o con otras palabras
quiero decir que no sos         tan sólo
la querida muchacha que sos
sino también las espléndidas
        o cautelosas mujeres
        que quise o quiero

porque gracias a vos he descubierto
(dirás que ya era hora
                                        y con razón)
que el amor es una bahía linda y generosa
que se ilumina y se oscurece
                según venga la vida

una bahía donde los barcos
        llegan y se van

llegan los pájaros y augurios
y se van con sirenas y nubarrones
una bahía linda y generosa
donde los barcos llegan
                y se van
pero vos
por favor
                no te vayas.
Los personajes: Martín Santomé (iii) Mucho más grave - Mario Benedetti  

miércoles, 7 de junio de 2017

donde estabas ahí

algunas vez te faltó alguna parte del cuerpo? alguna importante, un diente no cuenta. bueno, a mí no pero hace cuatro días que siento que sí. quizás hace más tiempo, pero hace cuatro días que puedo ponerle un nombre. es como si me faltara una parte del cuerpo. siento un agujero enorme en todo el cuerpo que si lo atravesás seguro llegás a Japón. intento sentirme bien pero es difícil en este punto y hay cierta hora del día que es un tanto peor, donde no queda mucho por delante pero al mismo tiempo son todas las horas de la vida y luego sólo resta dormir si es que eso se puede. al principio pude; supongo que fue el cansancio de llorar sin parar pero ahora ya no lloro tanto. conté tantas veces la historia que casi puedo contarla de corrido sin llorar más de una vez. nunca pensé sentir que me faltara una parte del cuerpo pero creo que vos estabas ahí y por eso me siento así. tengo un montón de pensamientos anotados en algún lado por si alguna vez te los puedo decir. son cosas random, nada profundo. como que por ejemplo me quiero comprar un termo por Amazon y no puedo decidirme con el modelo o el color. o que vi una casa de muebles bastante pasables que te pueden gustar, quizás si alguna vez rehacemos nuestro hogar. cosas por el estilo, sin tanta vuelta. pensamientos que cualquier día te diría sin dudarlo, sin tardar más que un whatsapp. me cuesta dormir hoy, a pesar del clonagin que necesito para vivir porque imaginate lo que debe doler que te falte una parte del cuerpo y yo me siento así todo el tiempo ahora. se ve que vos estabas ahí. pero igual me cuesta dormir y entonces ahora se me ocurrió escribir. quizás leas esto y me odies por hacerlo o quizás sepas que no tenés que entrar ahí pero yo voy a escribir porque hay tanto que te quiero decir que esto es lo menos que puedo hacer para seguir. intento llenar ese agujero con té, libros, washi tapes del barrio chino y videitos de YouTube pero en todo estás ahí. seguramente estabas ahí. 

martes, 6 de junio de 2017

días

tres días tristes
sin saber de vos
sin poderte ver
tres días tristes de saberte allá
un poco cerca pero tan allá 
que ya no sé si volvés
si te vuelvo a ver
si te voy a besar
a despertar frente a la placita 
y girar a la derecha
y abrazarte desde los pies
hasta que me vuelvas a querer
días tristes de no saber qué pensar
y repensar
y no saber
si te voy a abrazar una vez más
tres días tristes sin dejar de querer

que volvamos a ser 

lunes, 18 de julio de 2016

un cielo para vos

dejé mi alma en la chacarita
allá en esa flor amarilla
que no era muy linda
aunque ya nada lo es
allá lejos donde hacía frío
y tenía los ojos mojados
de tanto quererte
pero más de pensar
en tanto absurdo acumulado
casi incompatible
con el dolor
de extrañar tu sonrisa
y esos pelos locos
de quererte siempre
como si fueras mío
porque sos
un poco
de todos

bebito lindo,
si hay un cielo
es todo tuyo

yo no creo en casi nada
pero para siempre
voy a creer en vos

sábado, 1 de febrero de 2014

10.23 pm

Cerrar mi cuenta de tuiter y dejar de jugar al hockey no intenta ser una demostración de que nuestros pasatiempos no nos definen, aunque mucho me cueste creerlo, sino más bien una afirmación de que -muchas veces, no siempre- nos limitan. Mientras escribo esto, un jugador de River con capacidades especiales en la longitud de su cuello mete el primer gol del Superclásico y, dos minutos, después mi eterno amor remata al travesaño. El segundo no llega. Recuerdo que en una semana voy a estar en la cancha y todo vuelve a ser un poco como siempre. Ir a la facultad, buscar trabajo, alentar los domingos, prepararle el desayuno al Chucho. Podría convecerme de que no va a ser tan diferente pero sería inútil, por no decir estúpido. El club -el celeste- es tan parte de mi vida como mi amor por el rock; nunca va a dejar de serlo porque en algún punto, sino en varios, me ha definido. Muchas de las cosas que soy y otras tantas de las que aprendí son producto de los botines embarrados, entrenamientos fríos como el Sol y pretemporadas tan calurosas como un grito de gol. Prepararme cada sábado para jugar como si fuera una final; jugar una final; ganar un campeonato, una Copa, o varias; perder un campeonato; descender. Todo eso que forja el carácter y el espíritu de cualquier  persona que se jacte de ser persona sólo por el hecho de serlo. Quien crea que practicar un deporte en un club es solamente eso, practicar un deporte, nunca ha pisado un lugar como el que yo les digo y deberían hacerlo. Todos deberían hacerlo. No puedo negar que diez años de todo eso me han definido y me alegro de que sea así. A partir de ahora, tengo un montón de herramientas que, de otro modo, nunca hubiera tenido. Voy a encontrar un trabajo que me permita cumplir lo que más deseo: conocer Nueva York. Mudarme, quizás. Voy a seguir escribiendo. Y me voy a recibir, de una vez por todas. Mientras tanto, nos empatan el partido y pienso que algunas cosas no han cambiado demasiado pero ya van a cambiar, como todo.

01 de febrero de 2014

sábado, 4 de enero de 2014

7.38 am

A esta hora la placita de Crámer se ve hermosa; ese momento en que las calles empiezan a llenarse de gente que corre al subte y no alcanza el colectivo para llegar a sus oficinas en el microcentro, como yo supe hacerlo meses atrás. Por suerte, ya no; no era feliz. Aunque su verdadero nombre es Plaza Portugal, yo le digo así porque tenemos algo de confianza. No es muy grande pero está bien cuidada y tiene banquitos de colores, justo ahí donde Crámer se transforma en un laberinto borgeano y choca con Virrey del Pino, mientras también hace lo propio con Elcano.

Esta hora es especial en casi cualquier día pero hoy Crámer está vacía y su placita también. No hay adolescentes trasnochados, ni restos de cerveza, ni señores tomando mate o durmiendo en los banquitos. Es sábado y en enero la ciudad no deja ver más que a un par de tipos paseando perros o chicas que salen a correr para no perder jamás ese ritmo frenético en el que viven todo el año. Yo podría salir a correr aunque todo el tiempo prefiero dar vueltas en la cama y desayunar con el Chucho mientras uso algunas de sus camisetas de la Banda. Debe ser lo más parecido a la felicidad que conozco. Eso y River campeón pero desayuno en la cama o panchito en la plaza son, ahora, mis momentos preferidos de la vida. 

La placita de Crámer se encuentra junto a las vías de un tren cuya estación no conozco, como tampoco su línea porque nunca lo tomo. Puedo verlo pasar desde casi cualquier punto de la casa, salvo en la cocina o al lado de la biblioteca. Me encanta ver pasar ese tren, aunque no sé nada sobre él. Es celeste y blanco; en cambio, el mío es rojo. Una casualidad divertida, dirán.

El Chucho se fue hace un rato y ya lo extraño, no es muy difícil de admitirlo. Incluso lloré cuando su taxi se alejó. Podría disculparme por mi sensiblería voraz pero, al fin y al cabo, sobre algo de eso se trata el amor. Antes lloraba sólo cuando estaba triste o me habían roto el corazón o no me entraba un jean y ahora también lo hago cuando soy muy feliz. Casi sin darme cuenta, en esos micromomentos de paz que te dejan la mente en blanco, ahí, pum, llanto. Ni idea, soy sólo una chica. Una que llora mucho. Demasiado quizás.

Esta vez lo vi muy claro: fue una mezcla de todo. La tristeza de extrañarlo cuando todavía duraba el abrazo y la felicidad de la magia incipiente, febril. Esa triste felicidad. Como sea. Un poco lloré pero después se me pasó, agarré un cuaderno suyo y volví a escribir. Acá decía “volví a escribir como lo hacía antes” pero la realidad es que jamás será como fue antes y me alegro de que así sea. A pesar y en contra de todos los pronósticos, soy mucho más feliz. Luego de esa conclusión, lloré un poco más porque sé cuánto lo voy a extrañar aunque sean sólo unos días y si hay algo peor que extrañar, es hacerlo por adelantado. Intento volver a dormir pero es inútil, el pensamiento está ahí: el Chucho, la placita, los panchitos, una canción, los abrazos, el amor.

04 de enero de 2014

viernes, 16 de agosto de 2013

Capítulo siete

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Rayuela - Julio Cortázar.