jueves, 3 de enero de 2013

Wednesday

Dear Sir,

I have no way of knowing this letter will reach you, as the distance between us is so very far and so very troublesome. This small piece of stationary must cross mountains and cafeterias, in the trunks of automobiles and in the waterproof pockets of long-distance swimmers, tucked into envelopes and folded into swans, in order to make its way to your small, dusty office on the thirteenth floor of one of the nine drieariest buildings in the city. All I can do is hope for the best, but hoping for the best, like hoping for a bat to obey your orders, almost always leads to dissapointment.

And even if this letter does reach you, I am not sure it will reach the right person. Perharps you are not who I think you are--there are many people, after all, with the same initials as you, just as there is at least one other person with the same initials as me. Perhaps you will also think I am someone else, and will make a suspicious note in the margin, accusing me of being some villainess or other. 

For years I kept quiet, feeling all my words twisting and tangling inside me like skeins of yarn, as I searched desperately for someone who could be of assistance. Now I must untie "My Silence Knot" and write to a man I have necer seen, even if he is not the man for whom I am looking, and even if I am looking in the wrong place for the right man, or the right place for the wrong man, or both or neither, or both both and neither.

From what I was told, I think you may be the only person who can help me. I was told you were a sort of detective--or, at least, I was told that the word "detective" is printed on the door of your office. I was told you keep to yourself and scarcely talk to anyone, and that on the rare occasions when you engage in conversation, you never discuss your past, but can be found occasionally in a library, leafin through the theatrical sections of old newspapers. Nevertheless, I am hoping you will discuss your past with me. I am hoping you will tell me a story that began many years ago, in what I was told is a sort of classroom. I am hoping you are still in your dusty office, and I am hoping that this letter reaches you. In short, I am hoping for the best.

[...]
BB to LS #1, The Beatrice Letters - Lemony Snicket.

lunes, 30 de julio de 2012

El futuro

Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle,
en el murmullo que brota de noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia
los completos de los subtes,
ni en los libros prestados
ni en el hasta mañana.

No estarás en mis
 sueños,
en el destino original
de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré amor mío,
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás,
y diré las palabras que se dicen
y comeré las cosas que se comen
y soñaré las cosas que se sueñan
y sé muy bien que no estarás,
ni aquí adentro, la cárcel
donde aún te retengo,
ni allí fuera, este río de calles
y de puentes.
No estarás para nada,
no serás ni recuerdo,
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente
trata de acordarse de ti.
Julio Cortázar.

lunes, 16 de julio de 2012

Días naranjas


Hay días que tengo esos enamoramientos adolescentes de los que me es muy difícil salir. Siento quererte aunque quizás no sea así, te siento tan cerca que casi te abrazo aunque vos no estás. Pero yo tengo esos enamoramientos que me duran uno o dos días y después se me van; después vuelvo a verte como lo que sos. Vuelvo a vernos como vos y yo, con todo este tiempo en el medio, con todas esas calesitas que no quedan atrás. Hay días que vuelvo a verte en tus besos naranjas, días de enamoramiento caprichoso, casi sin sentido.

domingo, 15 de julio de 2012

After such pleasures

Solo en mi casa abierta sobre el puerto
otra vez empezar a quererte,
otra vez encontrarte en el café de la mañana
sin que tanta cosa irrenunciable
hubiera sucedido.
Y no tener que acordarme de este olvido que sube
para nada, para borrar del pizarrón tus muñequitos
y no dejarme más que una ventana sin estrellas.
Julio Cortázar.

miércoles, 13 de junio de 2012

A vos, Julio.

- "Compañeros, la cuestión jamás será
planteada

por escritores que entiendan y vivan su tarea como las máscaras de proa, 
adelantadas en la carrera de la nave, recibiendo
todo el viento y la sal de las espumas. Punto.
Y no será planteada
porque ser escritor poeta
novelista
narrador
es decir ficcionante, imaginante, delirante,
mitopoyético, oráculo o llámale equis,
quiere decir en primerísimo lugar
que el lenguaje es un medio, como siempre,
pero este medio es más que medio,
es como mínimo tres cuartos.
Abreviando dos tomos y un apéndice,
lo que ustedes le piden
al escritor poeta
narrador
novelista
es que renuncie a adelantarse
y se instale hic et nunc (¡traduzca, López!)
para que su mensaje no rebase
las esferas semánticas, sintácticas,
cognoscitivas, paramétricas
del hombre circundante. Ejem.
Dicho en otras palabras, que se abstenga
de explorar más allá de lo explorado,
o que explore explicando lo explorado
para que toda exploración se integre
a las exploraciones terminadas.
Diréles en confianza
que ojalá se pudiera
frenarse en la carrera
a la vez que se avanza. (Esto me salió flor.)
Pero hay leyes científicas que niegan
la posibilidad de tan contradictorio esfuerzo,
y hay otra cosa, simple y grave:
no se conocen límites a la imaginación
como no sean los del verbo,
lenguaje e invención son enemigos fraternales
y de esa lucha nace la literatura,
el dialéctico encuentro de musa con escriba,
lo indecible buscando su palabra,
la palabra negándose a decirlo
hasta que le torcemos el pescuezo
y el escriba y la musa se concilian
en ese raro instante que más tarde
llamaremos Vallejo o Maiakovski.
Sigue un silencio más bien cavernoso".
Lucas, sus discusiones partidarias - Un tal Lucas, Julio Cortázar.

viernes, 2 de diciembre de 2011

En rojo y blanco

Hace rato que quiero escribir sobre esto pero no sé cómo. Siento que desde ese día ninguna palabra expresa lo suficientemente claro lo que siento. Cada día es distinto.

Todos los días soy un poco más de River. Digo que cada día es distinto porque cada día soy un poco más de River. Me siento acompañada en este sentimiento porque sé que muchos hinchas lo viven así. No es que alguna vez me haya sentido “menos” de River. O sí. Quizás menos hincha, no sé. Me gusta el fútbol desde siempre, o al menos desde siempre que recuerdo. Iba a la cancha con tres amigas de la Primaria; trece, catorce años tendría. Después de eso y durante muchos años el fútbol, River, pasó a un segundo plano en mi vida; a veces, a uno mucho más remoto que ese. Ahora, en cambio, no puedo pensar en otra cosa. Mi vieja dice que estoy loca.

Me despierto, River, me pego una ducha, River, salgo al trabajo, River, no me puedo concentrar, River, vuelvo a casa manejando en hora pico, River. Vengo por Libertador y doblo en Echeverría hasta Figueroa Alcorta derechito hasta el Monumental y ahí River otra vez. Ahí River de verdad. Se volvió mi recorrido de cabecera para volver a casa. A veces vengo a la confitería por el solo hecho de estar un ratito a la semana en el club. Me pido algo para tomar y me siento, miro a la gente, leo un poco las noticias. Puedo estar quince minutos, cuarenta o dos horas.

Tuve que esperar veintiún años para hacerme socia de River. Yo tengo cuatro hermanos y, aunque fue mi viejo el que nos hizo hinchas de la Banda, no podíamos hacernos socios todos así que esperé. Esperé a ser lo suficientemente independiente como para poder pagarme yo sola la cuota y un día fui a River. Fue hace poquito, hoy hace un mes. Ese día me sentí más hincha de River que nunca. No recuerdo haber sido feliz de una manera tan simple y tan intensa a la vez en otro momento. Uno de los días más felices de mi vida.

Hasta acá puede parecer que no estoy escribiendo sobre eso en concreto pero ahora va. ¿Eso? River, una sucesión de malas campañas, una sucesión de malas dirigencias y el final fatal.

Estoy sentada en la confitería y no puedo creer cómo entre estas paredes que algún día supieron ser testigos de las glorias de Amadeo, el Beto, Pinino, el Charro, Angelito o el Enzo –entre tantos más-, hoy exista tanta angustia, tanta impotencia y dolor. Angustia real, de la que te oprime el pecho, no de la de haber quedado a mitad de tabla en un campeonato. “River querido, ¿qué te hicieron?”, me pregunto cada vez que el equipo sale a la cancha aplaudido por miles de hinchas que suplican por verlo ganar. Millones, no miles, de hinchas que suplican verlo volver; volver a ser esa gloriosa Banda que alguna vez fue, ser la casa de ese despilfarro de victorias enaltecidas por el fútbol, fútbol del bueno. Volver a ser la casa de millones de corazones ensanchados con la alegría del domingo; esa casa que es un derroche de historias y de hazañas, de batallas ganadas. Volver con la frente en alto y siendo de River más que nunca.

Mientras estoy en la confitería me surgen todas estas ideas. Quiero escribir y agarro lo primero que encuentro. Ya fue, escribo en las servilletas. Justo entra un vientito por la puerta y tengo que soltar la lapicera para no perder todo. No es fácil plasmar las ideas en papel y mucho menos los sentimientos. Acomodo todo y sigo.

Ese día fue para mí tan difícil como para cualquier otro hincha, claro está. Leí historias sobre gente que estaba en la cancha, otra que estaba fuera del país, otros que lo miraron desde el sillón de su living. El día que River jugó el partido de revancha contra Belgrano estábamos visitando a una familia amiga en Acasusso. Una familia amiga hincha de Boca. Tenía que ser una joda o algo pero no lo era. El gol de Pavone lo grité en la mesa cuando almorzábamos. En ese entonces mi vieja también pensaba que estoy loca.

Mientras el partido llegaba a los noventa minutos, y yo lloraba desde el gol de Belgrano, se me acerca la hija de nuestros amigos y empieza a reírse. Me senté al borde de la cama, me agarré la cabeza y seguí llorando. No podía estar pasando esto. No me podía estar pasando esto tampoco. En esos segundos que me parecieron una vida, Benja, el más chiquito de la casa, me acarició el pelo y le dijo a la hermana: “Martu, no la molestes a Viki que está llorando porque River se fue a la B”. Cuatro años y ahí estaba, dándome la noticia que nadie quería recibir. Lloré un rato largo.

"Ese" día, ja.  Pareciera que todavía la palabra “descenso” tiene algún tipo de maleficio, un conjuro que la vuelve impronunciable. Ese día sentí que estaba lejos de casa y sentí mucha impotencia. Estaba ahí sin poder hacer nada y River se había ido a la B. Ya nadie podía hacer nada. El daño es irreparable y la mancha en el expediente es permanente. La B. River querido, ¿qué te hicieron?

Ya escribí casi diez servilletas y me siento mucho mejor. Yo quería compartirlo con ustedes, con alguien, con todos. No espero que muchos me entiendan pero sí sé que muchos lo van a hacer. De a poco va bajando el sol y las mesas siguen llenas, la gente sale y entra todo el tiempo. Miro la hora y me levanto. Caminando por el anillo, escucho a un señor silbando cantitos y sonrío. Yo no me quiero ir pero tengo que volver a casa. A mi otra casa porque ya estoy en casa.

miércoles, 26 de octubre de 2011

"Be the change you want to see in the world"

El día que tengas tu título universitario en la mano, sonreí. Sonreí y mirá para los costados. Mirá para los costados pero mirá más allá, preguntate qué podés hacer con ese título y usalo para hacer las cosas bien.


Preguntate qué necesitás vos pero preguntate qué necesita la sociedad. Esa sociedad de la que hablás siempre, esa misma sociedad de la que te quejás todos los días. Preguntate que podés hacer vos con ese título para vivir en una sociedad que te haga sonreír de la misma manera que sonreíste cuando tuviste el título en la mano.

Preguntátelo en serio y respondete con sinceridad. Respondete en serio, como si tu vida dependiera de ello. No sabés si mañana tu vida, tu libertad o tu salud puede depender de lo que decidas hacer con ese título. Tu vida y la de miles más.

Hacé las cosas bien. Si queremos que las cosas cambien, hagamos las cosas bien.